
Fervor que me arrebata y me arrastra en el edén de la pasión.
Nuestros cuerpos entreverados fluyen sábila lasciva,
ardiente sismo que nos traslada al vértice del deseo.
Desistes de todo en la nada y esperas de mí una congoja,
pues he estado ahí, en donde nadie quiere estar.
Esperé, esperaba y no quiero esperar…
José M. García Velázquez © 2009














